
Relajar el cuerpo debería ser algo que pudiéramos hacer sin esfuerzo alguno. Simplemente por decisión. Sin embargo, hay personas que han perdido la capacidad de relajar una extremidad o zona corporal a voluntad. Cuentan que les cuesta mucho relajarse, o dejar una zona del cuerpo libre de tensión (no sé dejar el brazo muerto). Esto supone un impedimento para nuestras intenciones de relajarnos o movernos con relativa libertad.
No sólo afecta a brazos, y piernas, podemos ver el mismo patrón en abdomen, glúteos y mandíbula.
¿Qué provoca esta situación?
Desde el punto de vista biológico, podríamos hablar de un patrón de protección, debido a un estado de alerta e hipervigilancia. El individuo no es el artífice de ese estado, aunque si puede darse cuenta si la consciencia se lo permite, o si se le comunica. De hecho, cuando la persona es consciente de ese patrón, puede cambiarlo. Aunque no todos lo logran fácil. Les resulta curioso darse cuenta que algo que parece sencillo (relajar el brazo) ha dejado de serlo. Salvo circunstancias especiales (enfermedades), los seres humanos hemos nacido con esa capacidad. Lejos de juzgar a la persona o a su estado psicológico, hay que explicárselo en términos neurobiológicos.
¿Qué sucede en el cerebro?
Para relajar una extremidad de forma voluntaria, es necesario que se produzca una inhibición activa de los músculos, y de los circuitos neuronales defensivos. La circuitería cortical debe hablarse con la subcortical, de hecho lo hacen constantemente. Desde nuestra consciencia podemos conversar con el cerebro -Oye tú, hazme caso, relaja el brazo-. Y el cerebro «obedece» o no. Eso se produce gracias a una modulación inhibitoria descendente voluntaria sobre la red neuromuscular.
Redes implicadas
El cerebro está formado por un entramado de neuronas que se organizan en circuitos o redes neuronales. Nuestras actos motores (movimientos) o la desestimación de los mismos, se organizan gracias a diferentes redes. Vamos a verlas.
Corteza prefrontal dorsolateral
La función principal de esta red es el control ejecutivo y la toma de iniciativa voluntaria. Además, modula la respuesta emocional al movimiento, especialmente si hay miedo, o predicción de amenaza.
Corteza motora primaria
Participa en la creación y coordinación del movimiento. También en su detención.
Corteza premotora
Se encargan de la planificación de nuestros movimientos y en el cese del control, permitiendo que otros nos «manipulen nuestras extremidades».
Ganglios basales
Participan en la selección o supresión de programas motores. Son fundamentales para desactivar patrones de protección.
Cerebelo
Ajusta el tono muscular y la precisión de los movimientos, y por supuesto en los que pretendemos dejar el «brazo muerto».
Red límbica
Formada por la amígdala cerebral, ínsula, corteza cingulada anterior. Estas regiones están asociadas al procesamiento emocional. Si la red en su totalidad evalúa amenaza, es menos probable que podamos desactivar el patrón de protección. La amenaza a la que me refiero, no tiene que ver con un proceso consciente, más bien subconsciente. El cerebro alberga memorias y narrativas, que pueden facilitar la dificultad para desactivar un patrón defensivo.
Conclusión
Es importante conocer la neurobiología que hay detrás de nuestras conductas, incluidas las que tienen que ver con el movimiento y su control. La mayor parte de nuestros movimientos, se producen gracias a una circuitería subcortical compleja que aprende a codificar (grabar) patrones de movimiento activos y defensivos.
Para deshacer, precisamos primero consciencia, después comprensión, y por último acción-repetición.